
Los jóvenes de hoy tras las huellas de los jóvenes de los setenta
Corría la década del setenta. Ella quería ser maestra. Él escritor. A ninguno se lo permitieron. Aquellos jóvenes, cuyos ideales rasgaban su piel, fueron arrancados de sus casas, de sus familias. Ellos, que defendían sus sueños más allá de su propia existencia, fueron héroes anónimos que nadie olvidará jamás. A partir de aquel momento, la historia se grabó a fuego. A partir de aquel momento, los jóvenes recibieron un legado. La incesante búsqueda de la verdad y la justicia.
Pasaron veinte largos años. La joven relee las palabras de José Pablo Feinmann y siente, en un principio, mucha bronca. Las relee nuevamente: “ustedes habitan el territorio gris de la derrota”. Siente que no es así. Siente profundamente, que ella como muchos otros chicos de los noventa habitan el territorio de la esperanza. Sabe que tras sus espaldas hay treinta mil almas alentando sus pasiones.
Es el tiempo de la esperanza, es el tiempo del valorar la vida y defenderla. Es el tiempo de hacer la propia historia pero jamás olvidar la pasada.
En la mirada de sus padres, de sus tíos, de aquellos que quisieron salir a defender a sus pares pero su voz fue callada, se refleja el camino a seguir. Un camino que es totalmente diferente al camino de los chicos de los setenta, ya que como es la ley de la vida, el paso del tiempo transforma a las sociedades.
Como hace veinte años atrás existía el grupo Montoneros, que se movilizaba mediante la violencia y la falta de escrúpulos, actualmente, existen grupos que aunque en muchos casos, no manejen la violencia física, generan otra clase de violencia. La violencia de la indiferencia. Sin embargo, hay que mirar más allá. La sociedad es una mezcla de sentimientos y valores. Ambas décadas, para bien o para mal, regalaron y regalan lo mejor y lo peor que encierra la humanidad.
Actualmente, los jóvenes enfrentan la lucha diaria contra el futuro. Un futuro incierto que no les ofrece nada. Un futuro que se sustenta en la incertidumbre y que los margina desde la panza de sus madres. Crecidos, no encuentran modelos a seguir pues sus dirigentes fueron arrasados por el genocidio. Muchos huyen, muchos otros siguen hacía adelante. El genocidio arrancó sus cuerpos, no sus almas.
“Les quitamos todo, porque no les dejamos nada”. Palabras sin sentido que se pierden ante la inmensidad de las huellas dejadas. Si esta frase pudiera resonar de las entrañas de los setentistas, seguramente se oiría: “Les dejamos todo, porque no nos guardamos nada”.Un mensaje para los jóvenes de hoy y de siempre.
http://es.wikipedia.org/wiki/A%C3%B1os_70
http://www.desaparecidos.org/arg/voces/ensayos/weber.html
Corría la década del setenta. Ella quería ser maestra. Él escritor. A ninguno se lo permitieron. Aquellos jóvenes, cuyos ideales rasgaban su piel, fueron arrancados de sus casas, de sus familias. Ellos, que defendían sus sueños más allá de su propia existencia, fueron héroes anónimos que nadie olvidará jamás. A partir de aquel momento, la historia se grabó a fuego. A partir de aquel momento, los jóvenes recibieron un legado. La incesante búsqueda de la verdad y la justicia.
Pasaron veinte largos años. La joven relee las palabras de José Pablo Feinmann y siente, en un principio, mucha bronca. Las relee nuevamente: “ustedes habitan el territorio gris de la derrota”. Siente que no es así. Siente profundamente, que ella como muchos otros chicos de los noventa habitan el territorio de la esperanza. Sabe que tras sus espaldas hay treinta mil almas alentando sus pasiones.
Es el tiempo de la esperanza, es el tiempo del valorar la vida y defenderla. Es el tiempo de hacer la propia historia pero jamás olvidar la pasada.
En la mirada de sus padres, de sus tíos, de aquellos que quisieron salir a defender a sus pares pero su voz fue callada, se refleja el camino a seguir. Un camino que es totalmente diferente al camino de los chicos de los setenta, ya que como es la ley de la vida, el paso del tiempo transforma a las sociedades.
Como hace veinte años atrás existía el grupo Montoneros, que se movilizaba mediante la violencia y la falta de escrúpulos, actualmente, existen grupos que aunque en muchos casos, no manejen la violencia física, generan otra clase de violencia. La violencia de la indiferencia. Sin embargo, hay que mirar más allá. La sociedad es una mezcla de sentimientos y valores. Ambas décadas, para bien o para mal, regalaron y regalan lo mejor y lo peor que encierra la humanidad.
Actualmente, los jóvenes enfrentan la lucha diaria contra el futuro. Un futuro incierto que no les ofrece nada. Un futuro que se sustenta en la incertidumbre y que los margina desde la panza de sus madres. Crecidos, no encuentran modelos a seguir pues sus dirigentes fueron arrasados por el genocidio. Muchos huyen, muchos otros siguen hacía adelante. El genocidio arrancó sus cuerpos, no sus almas.
“Les quitamos todo, porque no les dejamos nada”. Palabras sin sentido que se pierden ante la inmensidad de las huellas dejadas. Si esta frase pudiera resonar de las entrañas de los setentistas, seguramente se oiría: “Les dejamos todo, porque no nos guardamos nada”.Un mensaje para los jóvenes de hoy y de siempre.
http://es.wikipedia.org/wiki/A%C3%B1os_70
http://www.desaparecidos.org/arg/voces/ensayos/weber.html

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